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El Túnel
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4 DE AGOSTO DE 1899: UN SUEÑO HECHO REALIDAD
La Perforación del túnel, un total de 300 metros de longitud, comenzó el 15 de Septiembre de 1898, día memorable para la historia de Castellote. El sueño de siglos alumbraba, al fin, visos de realidad. La Atalaya iba a ser abierta y la tan anhelada galería subterranea dejaría de ser una quimera para alcanzar categoría de hecho consumado.

El vaciado de la montaña, desde las Fajas, por el lado del pueblo, y hasta el peñasco de la Hoz, se inicio primero por la boca del Llovedor y arrancó más tarde por el lado de las Fajas, dentreo del casco urbano. Turnos de día y noche trabajaban sin cesar para penetrar en las entrañas de las duras rocas y excavar con la ayuda de expertos barrenadores. El estruendo de las explosiones que partían de las galerías era, por asi decirlo, la mejor música que Castellote podía escuchar en aquellas febriles jornadas que daban paso a la culminacion de una obra intrascendente en el capítulo de la ingeniería civil, pero gigantesca y monumental para el porvenir de Castellote y de sus gentes. Un túnel de trecientos metros era, en verdad, insignificante en la historia de las obras públicas de aquella época, cuando con auxilio de la dinamita el hombre había abierto, entre otros grandes túneles, el de San Gotardo, en los Alpes (14.997 metros); el de los Apeninos, con 18515 metros de longitud y, sin ir mas lejos, ya en España, el de Somport, en Huesca, que sirve de enlace entre Canfranc y la frontera francesa y mide 7.857 metros.
Si tenemos en cuenta estos fabulosos ejemplos de ingeniería sobre terrenos rocosos, uno se pregunta porqué se tardó tantos años en conseguir para Castellote un túnel tan necesario y que solo requeria trescientos metros de perforación. La respuesta tal vez la encontraríamos en la propia estructura de la situación global de España, deficitaria y pobre en su conjunto y debil aún mas cuando se contempla la triste existencia de los apartados núcleos rurales, como era el caso de Castellote.
¿A quién, desde los poderes públicos, le podía importar que un pequeño pueblo turolense, perdido entre montañas pudiera salir de su aislamiento con la ayuda de un simple túnel? Mejor no hurgar en el pasado. Sigamos con nuestro relato y situemonos en la historia feliz del túnel, cuando no era ya una ficción, si no una esplendida realidad.
Como ya hemos señalado antes, las obras comenzaron el 15 de Septiembre de 1898 y el enlace entre las dos galerias de perforación culminó, tal como cuentan las crónicas, el 4 de Agosto de 1899 "a las diez y media en punto de la noche" para ser rigurosos con los hechos. Bastó pues menos de un año para establecer el primer enlace entre el pueblo y el otro lado de la Atalaya, el sueño eterno de tantos siglos ¡Que gran prodigio! ¡Que suceso tan maravilloso para aquellos antepasados nuestros!.
Cuando ahora, transcurrido un siglo, queremos interpretar la trascendencia del memorable acontecimiento, nos faltan elementos sustanciales para commprender la dimensión real de aquel suceso. Y solo por una razón fundamental: nosotros unicamente hemos percibido el mensaje de unas generaciones que vivieron ya con el beneficio del túnel abierto, pero hemos de hacer un esfuerzo añadido para entender los inmenos sacrificios que acompañaron la pobre existencia de los antepasados mas lejanos. La historia de Castellote deberíamos situarla en dos etapas o periodos totalmente diferenciados: el antes y el despues del túnel: El mas lejano en el tiempo, estrecho y pobre, sumido en las limitaciones de su propio emplazamiento geográfico; el segundo, abierto a la esperanza de un porvenir más risueño, por la vía de su nueva comunicación con el exterior.
Fácil es comprender, por tanto, el júbilo y la alegría de los castellotanos que tuvieron la dicha de ver comenzar las obras y vivir luego gozoso acontecer de aquel lejano 4 de Agosto de 1899 del que, por fortuna, se guarda el testimonio escrito que copio a continuación: "El túnel se perforó [precisa el relato] el 4 de Agosto de 1899, a las diez y media en punto de la noche. El relevo de la boca del Llovedor disparó sus barrenos y los mineros se pusieron a cenar; enseguida los de la boca de las Fajas hicieron lo mismo y se sentaron tambien a cenar fuera del túnel, encima de la trinchera, en la parte izquierda saliendo de la mina, junto a la subida provisional practicada para ganar la altura que hay hasta el camino. Mientras cenaban penetraron don Pedro Sañudo y don Luis Beneyto; llegaron hasta el fin del avance y aunque percibieron murmullos al otro lado, no vieron ni observaron señal alguna de calamiento, y se salieron manifestándose así.
Como la brigada de la boca del Llovedor se puso a cenar antes que las Fajas, concluyó el primero y comenzó a escombrar, y estando en esa operación Jose Gimeno Sancho "Garbancero", vecino de esta villa, descargó con su pico un golpe en el centro del avance que caló a este lado; dio tres o cuatro mas y abrió un pequeño boquete por el que penetró un chico que tenían los mineros a su servicio, llamado Antonio Sancho Lencina, el cual a todo correr fue al sitio donde continuaba cenando la brigada de las Fajas, diciendo: "¡Ya he pasado por el túnel! ¡Ya he pasado por el túnel!.
Los trabajadores, con el bocado en la boca, marcharon apresuradamente a avisar a sus familiares y amigos; se dispararon unas cuantas bombas reales; las campanas se echaron a bando; la música recorrió las calles, y en menos de media hora, todos, hombres, mujeres, chicos y ancianos, se hallaban en el túnel.
Era un espectáculo verdaderamente fantástico y conmovedor ver sobre todo a los más viejos del pueblo, a medio vestir, casi soñolentos, provistos de farolillo, dirigirse sin detenerse a dar las buenas noches, a pasar por el túnel, cual si temiesen que su avanzada edad no les permitiese disfrutar de esa satifacción.
Los vivas a la excelsa patrona del pueblo, Nuestra Señora del Agua, y al señor marqués de Lema, se repitieron sin cesar durante toda la noche. El pueblo, con la banda de música, recorrió no una, sino varias veces las calles de la población en medio del entusiasmo grande por haber visto realizado en aquellos momentos el sueño dorado de toda la vida.
Quiero hacer una pequeña precisión. Quienes lean este relato del túnel y son hijos de Castellote, seguramente asociarán el nombre de José Gimeno Sancho "Garbancero", son el que a todos nos es más proximo y conocido: José Gimeno Ramón, también apodado "Garbancero". Este, entre otras razones por edad, no fue quien descargó con un pico el golpe que estableció el primer contacto entre las dos galerías del túnel. La hija de José Gimeno Ramón, me aclara que su padre contaba en agosto de 1899 nueve años de edad y ademas se daba la circunstancia de que la noche en que fue abierto el túnel estaba en cama, por enfermedad. Sus padres, puntualiza Manolica, le llevaron a cruzar el túnel y luego regresó de nuevo a la cama para seguir el proceso de curación.
José Gimeno Sancho pertenecía a otra familia, también de Castellote, emparentada con los "Garras" y "Gordetes".

Fuente: Libro "El túnel de Castellote" de Miguel Martín Monforte



